lunes 24 de enero de 2011

ENSEÑANZA DE LA ÉTICA EN LA UNIVERSIDAD

ENSEÑANZA DE LA ÉTICA EN LA UNIVERSIDAD.-
La Universidad es el punto de partida de toda Profesión y por lo tanto la que forma a los futuros Profesionales de las diferentes áreas del conocimiento.
La Universidad debe ser un lugar de enseñanza del más alto nivel para que sus egresados puedan desempeñar una función profesional en la vida, lo que ocurre después de ella ya no es figurado ya que uno se encuentra realmente en la vida práctica.
Cuando se concluye los estudios en la Universidad se ha recibido ya una sólida formación y se ha adquirido una determinada cultura, que puede llevar a sus egresados con algo de sensibilidad a diferenciar lo bueno de lo malo. Es en ella donde las personas terminan de formarse (entendiendo por formación lo básico para empezar la vida profesional) y empezar a madurar como personas, es por decirlo de alguna manera él ultimo lugar para enseñar o aprender ciertas actitudes, virtudes o valores, entiéndase que en la Universidad es indispensable hablar de ética, pero no solo como apuntes teóricos, sino encauzando dicha teoría hacia las diferentes profesiones que existe en ella.
Por ejemplo para ejercer la Profesión de Contador Público, se debe tener presente que en su respectivo Colegio Profesional existe un Código de Ética al que deben atenerme y respetar en su totalidad, pero también se debe tener claro desde la Universidad la importancia que supone el respeto al Código de Ética para el desarrollo correcto de la carrera profesional que se esta siguiendo.
En la Universidad es donde se debe empezar a entender la valía del término deontología y su aplicación , desarrollándolo después en la vida laboral teniendo siempre presente el Código que tiene la actividad profesional que se va ejercer.
Es esencial entender que respetar determinadas formas de comportamiento no supone ningún obstáculo para el desarrollo de la profesión, muy al contrario es la apertura como profesional que debo tener frente a la sociedad en su conjunto. Esto último es muy importante que se entienda, ya que los métodos poco ortodoxos de comportamiento profesional, pueden dar a su protagonista un triunfo parcial, pero nunca le garantizarán un triunfo final en la práctica de su profesión.
Cada día que pasa siempre se sigue aprendiendo, nuestro trabajo profesional nos deparará situaciones nuevas y si bien es cierto que nos debemos reciclar siempre en nuestros conocimientos, también lo debemos hacer en los principios éticos, ya que las situaciones nuevas que puedan surgir de acuerdo a la sociedad que avanza a un ritmo acelerado, necesitarán un tratamiento deontológico acorde a lo que el aspecto nuevo aprendido requiera. La Deontología existente desde mucho tiempo atrás, en sus principios teóricos es valida en estos momentos, pero será distinta en cuanto a su aplicación a aspectos posteriores, por lo que es necesario actualizar los principios a los hechos novedosos. Los Códigos de Ética de los Colegios Profesionales deben estar a la altura de los acontecimientos de nuestro tiempo.
Como se puede observar el proceso de formación deontológica es una escalera que lleva la misma dirección que la propia vida. No conviene subir de dos en dos o saltarse algún escalón, ya que él hacerlo supone salirse del proceso normal, con el riesgo de fatigarnos o tropezar y caernos. Sigamos todos los pasos, todos son esenciales, la cadena es grande como tal, no suelta en eslabones, por lo tanto siempre debemos respetar el Código de Ética existente en el Colegio Profesional.
La historia nos enseña que, desde siempre la ciencia y la ética han caminado juntas. Y nos dice también que la ética específica de la Profesión ha mostrado una tenaz tendencia a cristalizar en ciertas fórmulas, ya sean juramentos, promesas de honor, o códigos, los principios de la filosofía moral, la que fue acrecentada con la sabiduría práctica.
Los Códigos éticos empezaron por ser la esencia, lentamente destilada, de la experiencia práctica de los maestros, éstos iban seleccionando sus consejos, principios y normas según resistieran o no a la prueba decisiva de la práctica constante.
De modo semejante, las primeras formulaciones modernas de la deontología fueron el resultado de probar, en la piedra del trabajo diario, qué normas ayudaban más a resolver las complejas relaciones de los profesionales con el público en general, el estado y sus colegas.
Fueron los profesionales quienes, fijaron de común acuerdo, tras mucho debate y comprobación, qué requisitos de conocimiento, competencia y rectitud deberían reunir sus colegas antes de admitirles a trabajar en una entidad determinada o a inscribirles en los registros de los Colegios Profesionales.
Modernamente, con la institucionalización de los Colegios Profesionales, la deontología hecha Código se hace más compleja. Se puede afirmar que esos cambios la han dotado de, al menos, tres dimensiones: una primera, individual, que compromete la conducta personal de cada uno de los profesionales, una segunda, corporativa, que afecta a la profesión organizada, y una tercera, pública, que incluye el ámbito social en el que es ejercida la profesión. Esto significa que un código de ética tiene destinatarios múltiples, pues se dirige a cada profesional individual, a la organización profesional, y a la sociedad.
Existe una gran corriente entre algunas Autoridades y Docentes de las Universidades, que manifiestan que la formación de valores morales no debería ser considerada como parte de la misión específica de la Universidad, puesto que al llegar a este nivel educativo la mayor parte de las actitudes y puntos de vista de los alumnos ya estarían formados.
Las Autoridades y Docentes de gran parte de las Universidades afirman que, las instituciones educativas de nivel superior deberían limitarse a la instrucción, capacitación y especialización de sus alumnos en disciplinas académicas particulares de acuerdo a la demanda de las profesiones.
Sin embargo, si aceptáramos que los alumnos de educación superior ya hubieran definido un sistema de valores determinado, hecho que por sí solo se desmiente al contemplar las actitudes que toman una gran parte de los estudiantes universitarios en su comportamiento diario con sus compañeros, docentes y administrativos, podemos concluir que todavía los estudiantes universitarios en un gran porcentaje no saben de modo concreto cuales son los valores que deben mostrar en su accionar diario en la universidad y fuera de ella, lo cual se refleja posteriormente en la práctica de la disciplina profesional que han escogido. Así, por ejemplo, la forma más natural de aprender cómo se comporta en la práctica profesional un Contador Público que quiere ser honesto, será a través del contacto con sus Colegas profesionales. En otras palabras, el aprendizaje de los valores se da junto con el aprendizaje del papel profesional, aún cuando ello no se busque expresamente.
Por otro lado, el acelerado avance del conocimiento y de la tecnología hace que lo que se aprende hoy pueda ser obsoleto mañana. Se requiere, por tanto, un permanente estudio y reciclaje para estar al día en un área del saber. Ello plantea la necesidad de que las instituciones de educación superior universitaria, junto con entregar los contenidos fundamentales y primordiales de la profesión, se preocupen de formar personas capaces de adaptarse al cambio y de acceder a las actuales fuentes de información con espíritu crítico y creador.
Esa búsqueda permanente y crítica de la verdad exige autodisciplina y esfuerzo personal, poniendo así en juego virtudes y constituyéndose, por tanto, en un proceso de humanización, de perfeccionamiento y de elevación del hombre.
Vemos, entonces, que las universidades no pueden eximirse de la formación de virtudes o valores de sus alumnos, si pretenden ser exitosas en la formación de líderes, de personas capaces de comprometerse con el desarrollo del país y de su propia disciplina profesional.
Es así como, tras un período en el que se pretendió excluir activamente la enseñanza de la ética de la educación universitaria, buscando una educación "valóricamente neutra", ha comenzado en muchos países europeos y americanos a surgir, en la segunda mitad del siglo XX, la tendencia a formalizar la enseñanza de la ética profesional al interior de las universidades.
También se han hecho esfuerzos por establecer la metodología y los contenidos que efectivamente logren mejorar las habilidades de razonamiento moral y las destrezas en el análisis de los problemas ético contables en los estudiantes de las Ciencias Contables.
Sin embargo, queda aún por precisar el real impacto que esto pueda tener en el desarrollo de actitudes y comportamientos éticos, puesto que en este campo intervienen no solo las habilidades intelectuales, sino también la voluntad y afectividad.

¿TIENE SENTIDO LA ENSEÑANZA DE LA ÉTICA?-
La idea de la universidad como institución educativa destinada no solo a elaborar y transmitir conocimientos académicos, sino sobre todo a formar personas, estuvo en el origen mismo de las Universidades. Su meta fundamental era formar personas buenas en el sentido más amplio de la palabra. Sin embargo, la evolución histórica y la diversificación de las Universidades diluyeron este objetivo fundacional. Se llegó, así, a enfatizar solo algunas de sus tareas específicas, como la producción científica o la formación de profesionales. Ello condujo a un vaciamiento ético de la educación superior universitaria, que obedece tanto a causas externas como internas.
Como factores externos a las universidades, se puede señalar el contexto general de la educación contemporánea, que impregna nuestra cultura y cuestiona todas las metas que no sean medibles, visibles y cuantificables. También el desconocimiento del valor de la voluntad en la vida moral de la persona influye decisivamente en este sentido.
Pero existen, además, algunos motivos internos por los que la institución universitaria se ha alejado de lo que fuera su misión original. Entre ellos está, la falta de unidad de criterios para afirmar que la universidad tenga como meta la formación integral de las personas (esto es, no solo la formación intelectual, sino también la formación afectiva, social y moral).
A ello se suma que, en algunas de las universidades en las que la formación moral aparece como uno de sus objetivos primordiales, puede apreciarse una falta de coherencia entre su declaración de principios y lo que constituyen las políticas de docencia, los currículos y los programas de cursos, en los que estos objetivos de formación no se concretan o explicitan adecuadamente.
Dificultades adicionales vienen dadas por el hecho de que en el éxito de la transmisión de los valores influyen decisivamente los modelos vivos de relaciones interpersonales que se establezcan al interior de una institución educacional universitaria, tanto entre los docentes, como entre los docentes y alumnos y entre los mismos alumnos. Esta enseñanza de la ética que ocurre principalmente a través del modelaje, es lo que se denomina el "currículo oculto" en la estructura de la educación superior universitaria.
La manera de enseñar ética en las universidades es creando o profundizando en el estudiante los hábitos de su actuar con sentido de responsabilidad, y de emplear el método científico para los análisis que debe realizar durante el tiempo que curse la carrera profesional, hasta la conclusión de la misma. Desde el primer contacto con la universidad, el estudiante tendría que encontrar ejemplos de orden, previsión, afabilidad, actitud seria de servicio, puntualidad, cumplimiento, y de dirigirse y respetar un ideal.
Los Docentes y no docentes tendrían que estar convencidos de que su comportamiento y su actuar diario debe ser enseñando con lo que hacen y dicen, ya que la mejor manera de enseñar Ética es con el ejemplo.
Uno de los mayores retos que enfrentan en la actualidad las universidades en el Perú, es el compromiso de formar profesionales que sean portadores de una verdadera vocación de servicio a los demás con respeto a la dignidad humana.

CPCC. MIGUEL ANGEL ALATRISTA GIRONZINI
CONTADOR BENEMÉRITO DEL PERÚ
CONTADOR SÍMBOLO DEL CUSCO

gironzini@hotmail.com
malatrista@gmail.com

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